Reseña de El Reino de la Nada

Érase una vez un mundo en el que aparecieron gigantes de cristal y granito. Se alzaron desgarrando y destrozando tierra y roca, abriéndose paso hasta que sus raíces se internaron en las profundidades del planeta, devorando toda vida a su alrededor.

Sus cuerpos estaban surcados de cemento y metal oxidado. Sus venas bombeaban pútridos lodos negros. Sus pulmones, llenos de vapor, expulsaban asfixiantes nubes de humo y llamas, viciando el aire mientras sus terribles apéndices rasgaban el mismísimo cielo.

Con el paso de los años, a medida que estos horrores crecían más allá de toda razón, partes de sus cuerpos morían y se desprendían. A menudo canibalizaban sus propias extremidades muertas y las reemplazaban por otras. Sin embargo, otras veces las abandonaban a su suerte.

En estos fúnebres lugares aparecieron los espíritus, en los tenebrosos rincones de la pesadilla urbana. En los Lugares Olvidados. Estos espíritus habitan en un mundo oculto a la mayoría, un mundo disonante que al mismo tiempo contradice y se solapa con la realidad conocida. Más allá de las sombras, callejones y galerías del paisaje urbano, en estaciones de metro abandonadas y edificios derruidos, existen enormes laberintos y decadentes palacios.

Estos lugares mágicos aún contienen muchos restos de su pasado esplendor, aunque incontables peligros esperan al que se atreva a explorarlos…

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