Entrevista a Carlos Sisí, autor de Los Caminantes

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Carlos Sisí (Madrid, 1971) vive en un soleado apartamento de Calahonda (Málaga) con su mujer y sus tres hijos. En ese ambiente luminoso y tranquilo concibió, noche tras noche, una Málaga diezmada por el terror de los muertos vivientes.

En 2009 sorprendió al público español con su serie Los Caminantes, así como su librojuego Destino: Carranque, que sitúa el apocalipsis zombi en las soleadas tierras malagueñas y se ha convertido en un verdadero bestseller.

También es el autor de La hora del mar y ganó la X edición del Premio Minotauro con Panteón. Además lleva años alimentando su imaginación con todo tipo de material de terror, desde novelas a películas pasando por videojuegos.

Carlos Sisí fue también creador para  Spectrum de las aventuras conversacionales  Las Cavernas de Fafnir (1989), Midnight (1989), El Ojo del Dragón (1990), Excessus(1990), Heresville (1990) y Johnnie Verso (1991), y en 1990 quedó finalista en el concurso de creación de aventuras gráficas para el sistema Sinclair ZX Spectrum 128k patrocinado por la revista MicroHobby y la compañía Aventuras AD, con la aventura conversacional Midnight, situada en una siniestra mansión asediada por vampiros

Actualmente, cuando no está enfrascado en alguno de sus muchos hobbies, Carlos dirige su empresa familiar de diseño y soluciones de Internet. Leer más “Entrevista a Carlos Sisí, autor de Los Caminantes”

Reseña de Los Caminantes: Tempus Fugit

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El sonido desesperado de unos gritos de mujer llegaron de pronto hasta sus oídos. Uriguen se estremeció, pero el hombre permaneció inalterable, sin mover siquiera los ojos, como si hubiera estado oyendo sonidos similares toda la noche, tal vez todo el día. Un grupo de espectros se estremeció como si hubieran aplicado electricidad en sus cuerpos y empezaron a moverse en dirección al sonido.[…]

Uriguen se quedó tan inmóvil como pudo, a pesar de su respiración agitada. El miedo parecía querer hacerlo saltar, dar un brinco impulsado por brazos y piernas y salir corriendo. No podía evitar mirar hacia arriba para ver si aquel vampiro salido de la tumba tenía sus ojos blancuzcos clavados en ellos… en él; pero cuando lo hacía, advertía que ese simple movimiento podía delatarlo e intentaba, sin resultado, mantenerlos cerrados. […]

Un grito desgarrador le hizo dar un brinco. Abrió los ojos para ver cómo el hombre se incorporaba con rapidez. La mujer estaba lanzando sus brazos hacia él. No sabía qué había pasado, pero algo había hecho que el hombre abandonara su estrategia para intentar salir corriendo. El miedo, probablemente. La cercanía y la inmediatez de una promesa de muerte, con seguridad. Uriguen permaneció quieto. El hombre empezó a alejarse por la calle, corriendo tan rápido como pudo. Algo ocurrió con sus piernas, sin embargo, porque cuando apenas había recorrido unos metros, empezó a cojear y escorar a la derecha. A su alrededor todo se puso en marcha. Los vampiros Los caminantes aullaron, el sonido de pisadas golpeando el asfalto con zapatos brillantes de sangre tejió un entramado de frenéticos golpes de tambor, como los que usaban en las guerras tribales. Uriguen cerró los ojos y apretó los dientes mientras su corazón latía deprisa. El hombre gritó otra vez. Ruidos. Ruidos. Ruidos que lo perseguirían durante semanas y meses. Ruidos de carne desgarrada, de zarpas, de dientes, ruidos animales.

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